Escuchar la frase “se acerca el invierno” quizás te suene un poco a Juego de Tronos. Pero, teniendo en cuenta que hemos tenido el verano más caluroso de la década, no cabe duda que el invierno puede que sea igual o más duro. Por ello, lo mejor es estar bien preparado, especialmente cuando se trata de niños.

No hay que sobrepasarse

Es cierto que cuando los niños son muy pequeños son mucho más sensibles a todo lo que les rodea. Es normal, puesto que su sistema inmunológico todavía no está desarrollado. Pero, a partir de los 3-4 años, cuando el niño ya es más activo, esto cambia. No obstante, el chip de los padres no cambia, y esto produce que muchos niños caigan enfermos.

¿Cómo es esto posible? El termostato interno de un niño no es diferente al de un adulto, aunque muchos lo crean al contrario. Es igual que el de un adulto, por lo que un niño no requiere de mucha más ropa para salir a la calle en invierno que un adulto. Al contrario, son más activos, y esto hace que la temperatura de su cuerpo se mantenga constante, al contrario que la de una persona adulta que se está quieta trabajando. Por ello, no es bueno que lleven ropa que abrigue demasiado en determinados momentos del día o les afectará negativamente a su salud y se pondrán enfermos por el cambio de temperatura brusco cuando se cambien o por culpa del sudor.

Lo mismo sucede cuando se van a ir a la cama. Le puedes comprar la ropa de invierno más abrigada, pero, ¿y lo que es su ropa de cama? Si le compras alguno de los edredones infantiles para este invierno que verás en la tienda, no va a necesitar nada más. No le pongas una manta o un nórdico encima de este, porque no va a tener frío si se tapa con el edredón. Como mucho una manta fina, porque si es muy gruesa podría ahogarse y dormir mal por las noches.

Tampoco hay que pasarse con la calefacción. Si tu hijo tiene frío, caliéntale un poco la habitación con una estufa o el calefactor, pero solo durante un rato. Sino, el cambio de temperatura que experimentará su cuerpo será demasiado brusco y esto solo hará que enferme antes de que puedas hacer nada por ayudarlo. Los niños son más fuertes de lo que parezcan, y pasar un poco de frío los fortalece más que los afecta.

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